jueves, 29 de septiembre de 2011

Un puñado de letras juntas.

 
Un puñado de letras juntas.
Es increíble, a veces, cómo un puñado de letras juntas pueden abocar al lector a un sublime estado de ausencia y concentración extrema para imaginar, con total nitidez, una película mental. Por otro lado, me impresiona que ese mismo puñado de letras, pueda originar una reacción bien distinta en otro lector. No tiene porqué gustarle a todo el mundo, eso está claro, y nuestro bendito refranero, lo aclara todavía mejor cuando dice: “Para gustos, colores.”
Pero es que, en cierto grado, no deja de sorprenderme y me pregunto a menudo: ¿Cómo es posible? ¿Cómo ha podido este tío gustar a tanta gente y, en cambio, hay otro grupo bien numeroso que lo odia a muerte, o, simplemente, lo detesta?

sábado, 17 de septiembre de 2011

Mensaje en una botella: Cuarentena. Parte IV

Te recomiendo que empieces por aquí, si es el primero que lees



Mensaje en una botella: Cuarentena. Parte IV
Condujeron a Christophe, junto a un numeroso grupo bien escoltado por soldados alemanes, hacia un pabellón llamado “Bloque 26”. Dentro, una docena de hombres esperaban su llegada.
Primero, les raparon la cabeza a todos. Luego, los obligaron a entrar en una especie de duchas y, tras lanzarles unos polvos sobre el cuerpo, los remojaron en agua hirviendo y, después, helada. El dolor que eso causó en los hombres fue insoportable. Christophe, hablando para sí, pidió perdón por vivir. Nunca se le había pasado por la cabeza que el ser humano fuese capaz de crear tanto sufrimiento. Cuando los alemanes dejaron de lanzarles el agua helada, entraron en los baños con la intención de amedrentar a los prisioneros. Algunos se quedaron en cuclillas en el suelo, y esos fueron los peor parados, pues los colocaron firmes a golpe de porra. Christophe se obligaba a sí mismo a no caer, aunque el esfuerzo estaba siendo sobrehumano, ya que le dolían las articulaciones. Pero aguantó.