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EL CROKENTAZEM

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Estuve a puntito de ser más que millonario, pero no sé porqué, el negocio no cuaj ó bien. Os cuento: Por Daniel Rubio           Resulta que el otro día, y como suele ser costumbre los viernes, llevé al bar de un amigo una docena de las croquetas que hago semanalmente con las sobras del cocido del jueves. Él me paga bastante bien por llevárselas, así que, como estoy en paro, no me puedo negar, amén de que son la delicia de su local y hay gente que paga una buena pasta cuando éstas son subastadas. El caso es que, el viernes pasado acudieron unos alemanes a su local al llegarle a sus oídos la fama que estaban adquiriendo sus croquetas.  —Señor, nos gustaría comprarle la patente de la receta.  —Lo siento amigos, estas croquetas son obra de mi magnífico amigo Daniel Rubio, junta letras donde los haya y, además, muy guapo el chico.  —Preséntenos a su amigo y usted también recibirá una b...

El observador

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" ...no hay culpa pero sí un tributo" Por Daniel Rubio            Aquí he pasado incontables años, anclado a la más despótica de las soledades, disfrutando del calor del sol y la brisa que de vez en cuando logra sacudirme. He tenido que soportar el frío y su peso, algo esencial para después poder disfrutar del deshielo durante los primeros días de la primavera. Pero todo han sido sensaciones pueriles que nunca lograban conectarse con la realidad, aunque haciendo gala de mi gran imaginativa y gracias al Jacin, logré comprender qué son los colores o un amanecer, algo que para mí era una lacónica quimera.           Fue a la llegada de la familia Guijarro cuando se despertó en mí ese gran interés por cómo sería el mundo en realidad. Y vislumbré que el mundo podía ser tan extraordinario como desalmado, un lugar donde se pasa de un extremo a otro con una destreza prodigiosa. Fue por lo que...

El baile del miedo

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  "como si el miedo la hubiese abrazado para comenzar un baile donde no hay palabras de amor, tan sólo susurros amenazantes en el oído" Por Daniel Rubio EL BAILE DEL MIEDO           A María nunca le han gustado los lunes porque creía que eran la frontera entre la libertad y la obligación de verse anclada durante un buen puñado de horas en el mismo sitio. Pero ese lunes era distinto, para ella era el día más feliz de su vida, al menos, eso creía mientras avanzaba a golpe de tacón hacia el trabajo.              La mañana era excepcionalmente bella, y en vez de caminar cabizbaja y somnolienta como era habitual, lo hacía con un pestañeo de felicidad que ensalzaba todavía más su hermoso rostro.   Esta vez lo miraba todo sin prestar demasiada atención a nada, tan solo el brillo del suelo, todavía húmedo por la lluvia del día anterior, rompió su p...