domingo, 5 de febrero de 2012

Libertad condicional

Por Daniel Rubio

Libertad condicional
 
          La imaginación como arma de infinitas posibilidades no es una utopía. Hay personas que gozan de ella como si estuviesen sumergidos en una realidad que se ve patidifusa por los acontecimientos que ellos mismos van amañando, no tanto para engañar a los demás como a ellos mismos.
          De no ser por esta grandilocuente habilidad, seguramente no estaríamos sumergidos en esta situación miserable de desamparo humano. ¿No fue acaso el dinero un arrebato creativo? Sí, está claro que alguien tuvo que tener esa estupendísima idea y está todavía más claro que alguien supo cómo utilizar la imaginación del otro para sacar partido. Hasta ahora la imaginación nos ha sacudido más cuchilladas en contra que a favor. ¿Quién tuvo a bien imaginar que un día existiría un sistema político tan perfectamente organizado que en tiempos de crisis son los únicos que conservan privilegios? Son demasiadas las preguntas que nos tenemos que hacer para lograr comprender qué mierdas nos ocurre. Y por desgracia, ninguna va a encontrar la respuesta honesta y necesaria para vislumbrar nuestra miserable existencia. Una vez más la imaginación juega un papel importante en la historia, que sirve incondicionalmente al poder falseando hechos pasados para que se amolden a lo que se quiere lograr en un futuro.
          Es muy heroica la imaginación de aquél que ventiló que la democracia nos pondría a todos al mismo nivel y que sería el pueblo quien tuviese el futuro de naciones enteras en un trozo de papel. Pero una vez más renovó a un ente aciago, pues en verdad tengo la sensación de estar viviendo en multitud de dictaduras que se disuelven en nuestro día a día. En el trabajo, todos tenemos un jefe aunque seas tú el jefe, irónico, ¿verdad? Siempre hay alguien por encima de ti que te obliga a tomar decisiones que tú no tomarías, y lo haces porque tu propio futuro está en juego.
          Pero la imaginación también sirve para crear mundos de ensueño y aislarte a ratos de la cruda realidad que nos envuelve. Es una sensación preciosa saber que puedes crear un mundo solo para ti e ir a él cada vez que quieras sin olvidar lo que hay a la vuelta. La sensación de cerrar los ojos e imaginar calles enteras que no podrías describir a la perfección aunque quisieras. El éxtasis al notar cómo se acelera el corazón cuando absorbes los aromas y difuminas los colores de un mundo imaginario. Y aún así, en tu propio mundo, crujirá la palabra libertad al romperse y se impondrá un sistema dictatorial.
          ¿Quién gobierna tu mundo y dice lo que tiene que existir y cómo?